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Yo trabajo, tú trabajas, ellos cobran:


En Septiembre de 2009 el gobierno puso en marcha el importantísimo plan “Argentina Trabaja”. Con bombos y platillos nos dijeron que con este plan se bajarían en forma abrupta los márgenes de pobreza y desocupación en nuestras provincias más humildes.

Para esto se formaron distintas cooperativas y a cada una de ellas se le encomendaron tareas de mantenimiento y limpieza a realizar en distintos municipios. Cada trabajador de dichas cooperativas, percibiría por estos trabajos un sueldo de $ 1.300 por mes y de esta forma se le devolvería a millones de argentinos la posibilidad de trabajar y dignificarse.

Pues bien, todo esto sería bárbaro si realmente se aplicara de la forma correcta y dejáramos, al menos por un tiempo, nuestra “maldita” forma de gobernar. La plata llegó, las cooperativas se anotaron, pero a la gente que hizo su trabajo le sacaron, a modo de colaboración, $400 de su sueldo. Cuando las denuncias comenzaron a llover y la “Justicia” intervino, salió a la luz que además de quedarse con los vueltos, la mayoría de estas cooperativas no existían.

La causa recayó sobre Regino Racedo quien era el encargado de “supervisar” a estas entidades. Después de seis meses de supuestas investigaciones, el magistrado federal que llevaba a cabo las mismas tuvo que dar un paso al costado por ser el tío del acusado.

Se vienen las elecciones y la Presidente necesita plata para la campaña. De aquí que no solo no ha intervenido ante estas denuncias, sino que ha redoblado las apuestas renovando el milagroso plan para algunas provincias. ¿Tendrá que ver esto con las pujas que hemos tenido durante estas semanas por el presupuesto?

Parece quedar bien claro: el Gobierno, desde que no se aprobó el presupuesto está más tranquilo ya que empieza a distribuir la plata (esa que a partir de ahora no podremos controlar) según el del año pasado, lo que creen que les permite evitar dar explicaciones acerca de los destinos de las partidas.
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Fútbol para algunos y Chona para todos




Parece que los muchachos del flamante monopolio Kirchnerista están dispuestos a todo. La productora “La Corte”, encargada de las transmisiones de “Futbol para todos” y de cubrir los viajes de la Presidenta al exterior.

El nuevo emprendimiento contempla el resurgimiento de los muertos vivos: los relatores de la dictadura y actores o conductores que hacían humor hacían humor en épocas de gobiernos cuestionables. Es el caso de “La Chona”, quien refritará su personaje para competir directamente con los almuerzos de la “Chiqui”, quien últimamente se habría transformado en una opositora acérrima del actual Gobierno.

“La Corte” no ha definido aún el título del programa. Están en consideración algunos como “Almorfando con la Chona” o “Mediodías con la Chona”, pero no han perdido el tiempo y ya han grabado el piloto bajo la atenta supervisión de Mariotto.

Este nuevo programa, estará lejos de aquel que hiciera la renovada interprete allá por el año 1973, no sería solo una sátira del programa de Mirtha Legrand, sino que en él se invitarían a distintas personalidades de nuestra política y cultura afines al gobierno. Sería algo así como el programa de Víctor Hugo (“Bajada de línea”) pero en versión gastronómica.

Según la actriz Haydee Padilla, el programa tendría “de todo” y no sería solamente una aburrida publicidad oficialista. El tiempo lo dirá, pero por las dudas vayan preparando sus oídos para adentrarse una vez más en el “Mágico mundo de los Kirchner”.
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El juego del “gran bonete”:

Pasaron tres semanas del asesinato del militante del Partido Obrero, Mariano Ferreira
y el asesino no aparece.

Este chico murió a manos de la patota sindical de la Unión Ferroviaria, la misma que hirió a Elsa Rodríguez y Nelson Aguirre, también militantes del PO y a un trabajador ferroviario de los denominados “tercerizados”.

Las pruebas contra el asesino y sus cómplices son abrumadoras, pero los detenidos juegan al “gran bonete” entre ellos, culpándose unos a otros y así diluyendo la responsabilidad criminal. “Todos estuvimos, nadie fue”. Este es un viejo recurso del crimen organizado, en este caso para exculpar a la patota. El Gobierno entre tanto no dice nada, la Presidente y sus funcionarios fingen ignorar que se trataría de un crimen político, organizado por un aparato que integra, más cerca o más lejos, al régimen gobernante.

Las ruedas de reconocimiento ya han dado un culpable con nombre y apellido, y las decenas de informaciones que el Juez tiene señalan a los responsables ideológicos del crimen.

¿Qué es lo que esperamos?, ¿necesitamos el permiso de alguien que nos indique cómo proceder? ¿A que jugamos? Los delincuentes obviamente lo saben. Nosotros, los directamente interesados por que este crimen se resuelva de una vez, seguramente también.

Tengamos memoria y exijamos a nuestros representantes que se haga justicia y podamos ver a los responsables tras las rejas, el Gobierno debe responder también por un asesinato que se veía venir y del que han sido parte algunos de sus militantes más leales.
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Un pasito pa adelante, un pasito para atrás:

Aerolíneas Argentinas es otra vez la destinataria de políticas de malversación Institucionalizada. El ministro Julio De Vido ha tenido que salir a respaldar las malas gestiones de los jóvenes K, surgidos de la inefable “La Campora”, elegidos por la Presidente para dos puestos claves de nuestra aeronavegación: Mariano Recalde (hijo del diputado), ahora Presidente de la empresa estatal, y Alejandro Granados, quien es el titular de la Administración Nacional de Aviación Civil.

A las ya demostradas malas políticas de manejo de personal, incluidos a los distintos gremios que allí existen con Jorge Pérez Tomayo a la cabeza, ahora debemos sufrir los desacertados cálculos que estos nuevos cráneos han hecho y ver que no se podrán hacer todos los arreglos que se prometían en Aeroparque.

Lo llamativo de esto es que cuando se anunciaron las obras completas, el presupuesto para las mismas era de 60 millones de pesos y ahora, que ya se han desestimado refacciones importantísimas como el ensanchamiento de la pista principal o las nuevas balizas de la misma, se estima que las obras rondarían los 70 millones de pesos. Aparentemente seguimos calculando mal los costos, porque no seamos tan malos de pensar que existe una fuga importante de capitales evidenciada por la disminución en la cantidad de reformas y el aumento de su costo final. En este caso estaríamos hablando de ladrones y sabemos que en Argentina no hay ninguno.

El Gobierno podrá decir que lo peor es “no hacer”, que la oposición solo “pone palos en las ruedas”, pero lo real es que no se pueden seguir desperdiciando los recursos que al país tanto le cuesta conseguir o que bien aplicados podrían solucionar otros aspectos importantes.

Esta, lamentablemente, es otra muestra más de las distintas obras que el Gobierno nos quiere vender pero que no se hacen o se inician pero no se terminan.
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Había una vez…

Había una vez un ministro sonriente, al que la vida y los números favorecían. En su país era todo tan lindo que la inflación resultaba saludable pues solo molestaba a las fracciones de clase media alta y no a los pobres que allí vivían. Con desparpajo hacía declaraciones al pie de su motocicleta y por las noches militaba a través de su peña, comulgando allí con las más altas autoridades de la esfera política.

Los meses pasaban, y la inflación subía, la indigencia crecía sostenidamente y un día se encontró con que los índices no eran como él creía y que en las villas miserias y barrios pobres a la gente se le complicaba cada vez más el vivir.

En las viviendas ubicadas en estos magros asentamientos, los costos por alquiler habían aumentado a un escalofriante 97,4 % y, en todas ellas, las carencias de distintos servicios progresaban según la ocasión. Falta de redes cloacales, de aguas corrientes o servicio de red de gas estaban a la orden del día.

La suba en los alimentos básicos, como la carne, leche, verduras y pan también complicaban a los dilatados bolsillos de los habitantes de aquél mágico lugar, que gastaban todos sus recursos en proveerse de dichos bienes para posponer la vestimenta, educación, higiene y techo de su descendencia.

Los cuentos que leíamos de pequeños finalizaban de manera feliz, los protagonistas comían perdices para siempre. Hoy, ni la perdiz está garantizada y hay muchos que tienen que salir a hurgar en la basura. Aunque lo fuercen, ni la gente del gobierno puede hacer terminar bien esta historia.
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